jueves, 25 de agosto de 2011

Deutschland..

Llegué a Barcelona y fui directo a mi antiguo piso, ese que "siempre será mi casa". Estaban Lena y Vale para ayudarme con la mochila y listas para tomar algo y que les cuente de mis andanzas. Estuve solo dos días en Barcelona y me despedí por segunda vez; ahora me iba para Alemania a visitar a Bernhard.

Me tomé un avión con destino a Stuttgart donde Bernhard vive y tiene su piso de estudiante. Llegué a eso de las once y ahí estaba esperándome. La puntualidad alemana no falló. Estuvimos durante el día en su ciudad, Bernhard me presentó a muchos amigos de él y yo saludaba entendiendo muy poco pero defendiéndome con las pocas palabras que había "aprendido": "Ich bin lucky, ich sprechen kein deutsch" (yo soy lucky y no hablo nada de alemán!).


Ese día fue el único de verano que tuve en Alemania, las otras semanas hizo frío, o era yo sola la que tenía frío, o no sé como era, pero a ese clima no se le podía llamar verano. "Hace diez años que no pasaba algo así", me decían refiriéndose al mal tiempo que hubo durante las tres semanas siguientes. Todavía tengo mis dudas acerca de si existe o no.. el verano en Alemania. Más allá del clima, mis días en Alemania no pudieron ser mejores, el frío que pasé y el abrigo que me tuve que comprar o me tuvieron que prestar, será siempre algo anecdótico.


Resulta que mi primer y único día de calor fuimos a un lago en las afueras de Stuttgart, una playita bastante concurrida a la que fuimos con dos amigos de Bernhard: Lisa y Nick. Más tarde tomamos una cerveza y después nos volvimos, antes de que por supuesto se largue a llover! Nos despedimos de los chicos, y con Bernhard nos fuimos a su pueblo en "Unterglauheim", en la zona de Bavaria, al Sur de Alemania. Allí vive la familia de Bernhard.

 A medida que avanzábamos en el auto el paisaje era cada vez más verde, lleno de colinas y bosques. Repleto de pequeños pueblos muy tradicionales, de casas blancas con tejados rosas, siempre una iglesia con su torre y un infaltable biergarten. Cada tanto un castillo en medio de la montaña me trasladaba a la época medieval. Todo parecía muy armonioso y prolijo, como salido de un cuento o de alguna película. Nunca había visto algo igual.

El pueblo de Bernhard con 700 habitantes era también algo así. Estuvimos una semana con su familia y por el día recorríamos muchas ciudades y lugares alrededor. Desde el parque de Legoland en Gunzburg, hasta la ciudad de Munchen! Fuimos a un festival en Ulm, paseamos por la ciudad histórica de Nurmberg y también Nordlingen. Subimos a los Alpes en Zugspitze donde está la frontera con Austria y visitamos el castillo de Neuschwanstein.


Los siguientes días estuvimos en su piso en Stuttgart, me llevó a conocer su ciudad y otras alrededor como Heidelberg donde hay un famoso castillo y una universidad muy importante. Ahí nos encontramos con Domi, amiga de mis primas Pali y Sofi, que estaba haciendo un curso de alemán por esos pagos. Otro día fuimos a "Europa Park" y nos subimos a todos las montañas rusas difíciles del lugar! 
Europa Park!


Un fin de semana fuimos a Lindau una ciudad donde está el lago Constancio y donde vive Nick el amigo de Bernhard. Fue un fin de semana diferente, en el que pude descubrir un poco más la cultura, aunque sentirme un poco extraterrestre al no poder entender la mayoría de las cosas que pasaban! 

El último fin de semana visitamos a la hermana de Bernhard en Weimar, una ciudad cultural muy importante donde finalmente entré a un museo de la Bauhaus, además de conocer la casa de Goethe y Schiller. Fuimos por el día a Dresden una ciudad que fue muy bombardeada poco antes de que termine la guerra. Allí nos llovió todo el día, pero caminamos toda la ciudad bajo un paraguas rosa, intentando darle color al día gris.

Conocer Alemania fue conocerlo más a Bernhard: su familia y amigos, su pueblo y su ciudad. Encontrarme en un contexto y cultura totalmente nuevos y distintos al mío pero en el que me pude sentir muy cómoda. Descubrir que hay lugares en los que las palabras no llegan, pero que cuando las personas se quieren entender, se entienden más allá del idioma. Es como una habilidad que los humanos desarrollamos, o como un instinto de supervivencia que nos permite comunicarnos cuando empatizamos con alguien.  

Regresamos a Stuttgart y al otro día yo me fui en tren a París. Nos despedimos pero esta vez nos volveríamos a encontrar cinco días más tarde..


Zugspitze